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Historia de la ciudad

El municipio está formado por dos núcleos de población, Chimeneas y su anejo, Castillo de Tajarja. Se encuentran al norte del altiplano del Temple, limitando con la Vega de Granada, por lo que participa de las características de las dos comarcas. Esta situado a una altitud de 684 metros y a 27 km de Granada.

No se sabe con exactitud el origen de este pueblo, pero se han encontrado algunos restos arqueológicos de épocas anteriores a la árabe.

Chimeneas existe como núcleo y población según las crónicas desde la época de la dominación musulmana. Nació como una alquería nazarí, llamada Dúllar, que albergaba a varias familias. Fue creciendo y cobrando importancia. Tras la Reconquista Cristiana llevada a cabo por los Reyes Católicos, pasó a ser una cortijada dependiente de Granada. Ya en el año 1789, se le concedió la condición de municipio que hoy ostenta.

Cuentan, que en el sitio que conocemos como "Castillo", estuvo acampado largo tiempo el Ejercito Cristiano.  

El nombre de Chimeneas se recoge por primera vez en el Siglo XVI como pueblo consolidado. Se dice que el origen de su nombre es porque las chimeneas de las casas servían de punto de referencia para los caminantes y así se conocía como "cortixo de las Chimeneas", estamos hablando de los primeros años de la Conquista de Granada. Cuentan también, que antes de la entrega de la ciudad de Granada a los Reyes Católicos, la Reina Isabel se hospedó en una de las viviendas de Chimeneas. 

El otro núcleo que conforma el municipio es Castillo de Tajarja. Su distancia de Chimeneas es de 5 km. En Castillo de Tajarja, también se han encontrado vestigios de épocas anteriores a la árabe, aunque su primera historia documentada habla de la fortaleza árabe mandada destruir por Fernando El Católico, y de la que solo quedan en pie tres arcos de herradura con varios metros de muro almenado.

En los años 1940 y 1950, la mayoría de la población de este municipio vivía en cuevas ubicadas en los barrancos cercanos al pueblo, de las cuales hoy se pueden apreciar algunas en mal estado. Estas cuevas fueron desalojadas sobre los años 60 debido a la emigración que Andalucía sufrió hacia Cataluña y el extranjero. Antes de la mencionada emigración entre el municipio, su anejo y cortijos, llegaron a tener casi 3500 habitantes, cuyos únicos recursos era la agricultura y ganadería, y durante un tiempo varias canteras dedicadas a la extracción y elaboración de yeso en el municipio de Chimeneas, que dio trabajo a muchas familias dedicadas a este material para la construcción.

Los cortijos daban un importante porcentaje de población destacando uno llamado “La Zahora” situado entre Castillo de Tajarja y el vecino municipio de Cacín que llegó en los años 1960 a tener 60 familias aproximadamente, donde incluso el párroco se desplazaba para celebrar la eucaristía una vez a la semana.

Los barrancos mencionados anteriormente por los cuales corre un importante caudal del agua, fueron aprovechados para medio km más abajo del municipio crear un molino que funcionaba por la fuerza del agua, propiedad de una familia de Chimeneas, que era utilizado para la molienda de trigo que se destinaba a la elaboración de pan en una panadería en el centro del pueblo, que posteriormente era vendido a los habitantes de este municipio. En dicho molino, todavía se pueden ver los muros del edificio y piedras que movía el agua de este barranco, llamado “Barranco del Molino”.

Entre el municipio de Chimeneas y su anejo, Castillo de Tajarja, existen varias cuevas creadas por el hombre y cercadas por corrales donde se utilizaban para el alojamiento del ganado y pastores durante las campiñas en el campo, de ellas destaca una cueva creada por la naturaleza entre las dos localidades, conocida como “La Sima”, y adaptada por el hombre para poder refugiarse como en los anteriores casos.

Durante años anteriores a 1974, que fue cuando llegó el agua potable a Chimeneas (procedente del pantano de los Bermejales), el pueblo se abastecía de pozos y camiones cisterna que llegaban de otros municipios. Años anteriores, los vecinos se desplazaban a un nacimiento llamado “La Fuente la Cruz”, a 1,5 km aproximadamente, con cántaros, botijos… para llevar agua a sus hogares. Este nacimiento fue acondicionado con una bóveda de piedra que se conserva en perfecto estado donde se almacenaba el agua. En la actualidad, tras años de sequías cuando han vuelto las lluvias se puede apreciar como ha vuelto el agua al manantial.